En el laburo no estoy haciendo absolutamente nada porque mi jefa no me deja. Si, tal cual, como leen, mi jefa no me deja porque se la pasa contándome todos los pormenores de su flamante viaje a Cuba. La verdad es que mucho no me interesa, pero como tengo menos ganas de laburar que de escucharla, está todo bien. Sigo usando todos los cachivaches hippones que adquirí en las vacaciones: colgantes varios, aros, pulseras, bolsos... no pegan ni con moco con los pantalones de vestir y los tacos altos, pero no me importa, es mi ultimo resabio de rebeldía hasta el año que viene. No me volví a poner el reloj por lo cual llego tarde a todos lados, pero tampoco es algo que me aflija mucho. Y la frutilla del postre es que mis viejos se fueron de vacaciones así que nadie me rompe las bolas en mi casa. Quedó mi hermano y el perro, pero gracias a Dios ya están bastante domesticados. Si, los dos.
Todo parecía andar sobre rieles, el destino final (el retorno a la rutina cotidiana) era inevitable, pero por lo menos el viaje venía teniendo su onda, hasta que en algún momento, todavía no entiendo cómo, mi cerebro me jugó una mala pasada y me cagó.
Conversación entre Hermano de LuLú, Amigo de hermano de LuLú que vamos a llamar Sr. N para hacerla más corta y quien suscribe (o sea LuLú).
LuLú (mientras preparaba la cena dirigiéndose a Sr. N): Te quedas a comer?
Sr. N: No, hoy no puedo, si me invitas vengo mañana
LuLú: Si dale, cuando quieras
Hermano de LuLu (dirigiéndose a Sr. N): Veni el Jueves que viene Srta. V (reciente nueva novia de mi querido hermanito, aun en período de prueba para determinar su aceptación por mi parte)
LuLú: Uyy si, dale! Venite que hago empanadas!
