miércoles, 12 de noviembre de 2008

Vida agitada

Ayer charlaba con una compañera de la facultad y me contaba que labura 9 horas por día, cursa 3 materias (9 horas semanales) y vive con el novio. Los días que no cursa de 7 a 9 de la mañana, se levanta a las 5 AM para estudiar y de ahí se va a laburar. Los días que no cursa de 19 a 23 hs., se va para la casa, hace los mandados, quehaceres domésticos, cocina, comparte tiempo con su pareja y nunca se acuesta antes de las 00:30...

Todavía me sigo preguntando de dónde es que saca energías para hacer tantas cosas por día, desayunará con Speed? De solo pensarlo me agoté.

Solo pude llevar ese ritmo de vida a los 18 años, cuando empecé la facultad, estaba motivada por los cambios y tenía de 18 primaveras de alpedismo en mi haber que hacían de colchón amortiguador del cansancio, hasta que en prácticamente un año se compensaron y adopte el lema como lema de vida el “Ya fue! quien me corre? Hay que cumplir con las responsabilidades pero la vida es una sola y hay que vivirla”
Vengo robando asquerosamente con los posts pero a esta altura del año, en lo único que puedo pensar es que necesito vacaciones ya! Falta mucho para Febrero??

lunes, 10 de noviembre de 2008

Cortita y al pie I

Detesto los canto bares, y a la gente que festeja sus cumple años en canto bares y me hace ir

sábado, 8 de noviembre de 2008

Es tan difícil

Contratapa de Crítica del 08.11.2008 por Fernando Peña
Vale la pena leerlo


Hace muchos años cuando era adolescente y fumaba, apagué un cigarrillo en un pocillo de café, cuando el mozo me cobró y retiró las cosas me enseñó algo que nunca olvidaré. “¿Usted se tomaría un café en este cenicero aun sabiendo que está recién lavado?”, me preguntó. Me mató. Enseguida comprendí lo que me quería decir… que cada cosa en su lugar. No es lo mismo tomar vino en un vaso de plástico o té en una copa. Las sensaciones van acompañadas de objetos y esos objetos nos producen recuerdos imborrables, asociaciones. Ocurre lo mismo con millones de ejemplos, por ejemplo no es lo mismo cortar queso en una tabla que en un plato. Nada más desagradable que comer torta en un platito de cumpleaños descartable o comer sushi con cuchillo y tenedor.


Hay un buen uso y un mal uso para las cosas. Un piano puede ser usado para tocar una hermosa obra de Beethoven o se lo puede tirar de un séptimo piso y matar a una persona. El fuego puede ser usado para destruir un bosque o para hacer un buen fogón en un camping.


Últimamente noto cada vez más que le estamos dando un mal uso a las cosas. Sin ir más lejos hace un par de semanas estando de gira por el interior vi que en un teatro usaban libros para mantener cerrada una ventana. No sé bien si los celulares están sirviendo para comunicarnos o para incomunicarnos. Si seguimos así los autos pronto van a matar más gente de la que transportan.


El tiempo está mal usado. Las relaciones están mal usadas y hasta es un desperdicio lo que estamos haciendo cada uno de nosotros con nuestro ser.


La gente ya no se viste, se tira la ropa encima. No se eligen las palabras antes de hablar, los diálogos son cataratas verborrágicas sin sentido. Cada vez pensamos menos en nuestras necesidades y cada vez más obramos por reflejo. Copiamos lo que vemos. Adquirimos costumbres. ¿Y el individuo? ¿Qué es lo que cada uno de nosotros necesita? ¿Qué es lo que nos hace bien?


Siempre me llamó la atención el color de pelo que adoptan las mujeres argentinas. Me refiero a esos colores castigados, oxidados. Esos reflejos rubios, añejos, pasados de moda y siempre de moda. ¿Están contentas con ese color? ¿Se pusieron a pensar en otra alternativa? Hace poco fui a la casa de una amiga mía que anda corta de guita y tuvo que dejar de hacerse los famosos reflejos argentinos. Está canosa y le queda hermoso. Cuando se lo dije me dijo que todo el mundo le dice lo mismo. Era cuestión de probar nada más.


Casi todo es mejorable. Para mejorar las cosas hace falta poca plata y a veces nada de plata. Cuando las cosas empiezan a andar mal, generalmente nos desanimamos y bajamos los brazos. Es típico en los autos, se rompe algo, no lo arreglamos enseguida y el auto se viene abajo en un año.


En las sociedades y en el mundo está sucediendo un poco eso. Me animo a decir que la mayoría, o por lo menos los problemas más importantes de este mundo no se deben a que no hubo dinero para solucionarlos. Se deben al desgano, a la pereza, al abandono y al desprecio por nuestra calidad de vida.


Sí, hay que estar muy atentos para vivir bien. Estar atentos habla de colaborar, de estar dispuestos. A cada minuto suceden cosas que pueden ser mejoradas, o pueden ser hechas de mejor manera. Esto pasa ya sea en el cuarto de un adolescente o en el despacho de un ministro. Pasa en la cocina de un hotel o en la torre de control de un aeropuerto. Pasa en un jardín o en una biblioteca pública. Las cosas no andan mal por sí solas.


No solamente se requiere de mucha responsabilidad para vivir sino que también es necesario tener vocación de vida. La vergüenza es otro ingrediente casi indispensable que mejora mucho el estado de las cosas y cómo vivimos. El estar pendientes de nuestra inteligencia, de la alternativa, de la creatividad y del sentido común también mejora el estado de las cosas.


La gente que cumple me produce una sensación casi vomitiva. Es la gente que se saca el trabajo de encima, la gente que no ama lo que hace y que no trabaja para lo que ama.


La semana pasada estaba en un hotel en Santa Fe, llamé a la recepción para pedir que me subieran los diarios locales. A los diez minutos la señorita con la que había hablado me llamó diciéndome que ya no había ningún diario local, que se los habían llevado todos. Le pregunté si no era posible que fuera un botones a comprarlos a lo que me contestó que sí. De eso hablo. ¿Cuánto cuesta un diario? ¿Por qué no se le ocurrió tomar la iniciativa de mandar a comprar los diarios?


Hay gente que nace con iniciativa, ganas, sentido común y amor propio, otra que no. Otra aprende. Otra jamás.


Me gustaría repetir el experimento del cigarrillo hoy en un bar y ver cuántos mozos me llaman la atención. Es un ejemplo pequeño, chiquito. Varios pensarán que es casi irrisorio. No estoy de acuerdo. Son las pequeñas diferencias que hacen que el estado de las cosas tome otro rumbo.


La palabra “casi”, “y bueh”, “ta’ bien”, son palabras enemigas. Correr algo diez centímetros marca una diferencia. Ser puntuales, que una copa esté limpia, también marcan una diferencia.


El último ejemplo: ¿se fijaron que casi ninguna puerta, hablo de las puertas interiores de las casas o de cualquier lugar, no tienen su llave correspondiente puesta? No da lo mismo. ¿Y si la quiero cerrar? ¿Para qué está la cerradura? No da lo mismo.


El abandono y el desinterés con el que estamos tratando al mundo y a nosotros mismos es vergonzoso e insultante. Quiero más gente como ese mozo. Es tan fácil…


Es tan difícil…

jueves, 6 de noviembre de 2008

Ohh my god!

Hoy me enteré de algo realmente sorprendente gracias a El Parquímetro. Es una noticia muy fuerte, sé que puede llegar a generarles muchas desilusiones, pero es una confidencia que merece ser revelada.
Se acuerdan de ese dulce personaje que acompañó nuestra infancia, que lucía una capa con capucha roja y era atacada por un malvado lobo en un bosque cuando la inocente niña iba a llevarle la comida a su abuelita enferma? Si si, Caperucita! Se los tengo que contar porque no me puedo quedar sola con esto, intenten no angustiarse y tomárselo con calma. Resulta ser que...






...Caperucita anda revoleando la canastita por los bosques de Palermo!!!!!!



Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!! Se los juro!!!! Tengo pruebas que la comprometen!



La ciudad de Buenos Aires es una de las dos en el mundo que le dedicó espacio en sus monumentos a las caricaturas y cuentos de la ficción. Caperucita fue cincelada por el escultor francés Carlus cuando viajó a la Argentina en 1937. Tiene una linda cara, largos bucles y lleva una canasta con un frasco de dulce y una torta. El lobo espía por detrás. Primero estuvo en la Plaza Lavalle hasta 1972. Luego la dejaron en el bosque, como en el cuento. Esta obra ilustra el clásico cuento infantil de Charles Perrault, y desde 1972 se ubicó cerca de la Av. Adolfo Berro (Jardines de Palermo).

Que grossos que somos los Argentinos, tenemos a Caperucita revoleando la canastita en los bosques de Palermo!

martes, 4 de noviembre de 2008

Domingo en el Shopping

Después de un fin de semana recluida estudiando, antes de enloquecer o morir de aburrimiento, se me dio por ir un rato al cine a modo de pequeño recreo. Mi idea no fue tan brillante, porque al cine que se me ocurrió ir fue al que está en el Alto Avellaneda, y les puedo asegurar que no hay nada en el mundo más detestable que un Shopping un domingo.

Un Shopping un domingo implica cruzarse con un montón de gente aburrida, que se mete ahí para salir de sus casas procurando combatir la hora del suicidio, pero estoy pensando seriamente sí es una buena medida, porque en realidad verse metida ahí adentro, tienta más al suicidio que la siesta dominguera...

Para mi gusto todos los shopping son detestables, pero el Alto Avellaneda tiene una particularidad por la cual se destaca del resto: es circular, entonces, a diferencia de otros donde por lo menos los cientos de aburridos tienen la posibilidad de subir y bajar escaleras, en este dan vueltas en circulo, mirando una y otra vez las vidrieras de los locales que todavía no termino de entender cómo hacen para subsistir, porque los únicos que están ahí adentro son los vendedores, dado que de los aburridos no entra nadie a comprar nada, por los escandalosos precios que tienen.

Se pueden divisar diferentes tipos de aburridos, a saber:

- Familia tipo con hijos pequeños: Realmente esos padres se merecen un monumento a la paciencia en plena intersección de Corrientes y Callao, por soportar el constante "comprame, comprame, comprame, comprame" sin matar a ningún infante mientras dure el paseo. Particularidad: Caminan despacio obstruyendo el paso porque caminan uno al lado del otro, mientras la mujer, generalmente, intenta manipular un carrito con otro infante adentro.

- Parejita: Después de una conversación del tipo "nunca vamos a ningún lado" terminaron en el Shopping. Particularidad: Ambos tienen cara de orto, ella porque no se puede comprar nada, él porque está mirando vidrieras de ropa de mujer, que no me interesan en lo más mínimo, como un boludo. Recomendación: Intérnense el domingo a la tarde en un telo y sean felices.

- Adolescentes: Este grupo se divide a su vez en dos subgrupos. Tenemos por un lado los adolescentes normales, o mejor dicho, típicos, y por el otro los floggers. Particularidad: Ambos grupos se visten raro, se peinan más raro todavía, hablan a los gritos, y caminan rápido llevándose por delante a cuanto ser humano se les cruce por su camino.

Afortunadamente para mi (realmente, era una fortuna solo para mi), como fui a ver un bolazo romanticón, en la sala habría solamente 15 personas, de las cuales 5 eran un padre con sus 4 hijos varones que se levantaron y se fueron a la mitad de la película (Señor, le recomiendo averiguar de qué se trata la película que va a ver), así que quedamos 10, por lo cual pude elegir tranquila donde sentarme, tenía lugar para dejar la cartera para no tenerla encima y no había gente que hablara e hiciera ruidos molestos cerca. Tampoco entiendo cómo subsisten los cines habilitando funciones para tan poca gente, pero no me importa mucho. Yo mire mi película, comiendo pochoclos como corresponde, y una vez finalizada la misma salí corriendo a la paz y tranquilidad de mi hogar dulce hogar, donde prometí no volver a pisar un shopping en los próximos 10 años como mínimo.